El que desee ser un buen Dirigente sencillamente debe ser, ante todo un "hombre-niño", es decir:
Debe sentir palpitar en su corazón el espíritu del niño y ser capaz de colocarse en el plano correcto con sus muchachos.
Debe comprender las necesidades, las perspectivas y anhelos de las diferentes etapas de un niño.
Debe tratar a sus Scouts en forma individual y no en masa; al Escultismo le interesa el muchacho como individuo y no como rebaño.
Debe promover y desarrollar un "espíritu de cuerpo" entre sus individuos para lograr mejores resultados.
Éstos son los principios fundamentales en que se basa el entrenamiento y educación que imparte el movimiento scout.
Todo lo anterior significa que el Dirigente ni es catedrático, ni sargento, ni instructor. Lo único que se necesita es la actitud de disfrutar de las actividades y comprender las ambiciones de los muchachos. Así pues, el Dirigente debe desempeñar el papel de "hermano mayor", esto es ver las cosas desde el punto de vista del muchacho y conducirlo con entusiasmo hacia el camino del bien.